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por Rolando Holtz L. |
Las estructuras sociales tradicionales, sobre todo la familia y el colegio, cada vez influyen menos en la socialización religiosa de las nuevas generaciones. Más aún la socialización cultural y la religiosa hoy en día o se contradicen o la religiosa no tiene el peso suficiente como para imponerse a la cultural.
Es obvio que hoy en día ya no se puede plantear la socialización religiosa como adoctrinamiento tipo catecismo, que espera que los jóvenes asuman las verdades enseñadas y sean capaces de manifestarlas a nivel existencial en la sociedad. Hoy en día más que enseñar verdades de fe o de moral se debe conducir a los jóvenes a un encuentro con Dios, revelado en Jesús de Nazaret.
Pero, ¿puede transmitirse una experiencia de "encuentro"? ¿Puede ayudarse a un joven a que acoja -consciente y libremente- la presencia de Dios en su vida?
Querido Rudy. Ignaki, Silvia, Pablo y colaboradores todos: ¿Qué fe queremos anunciarles a nuestros confirmandos y jóvenes? Para contestarnos tenemos que tener en cuenta que la fe supone una experiencia, pero también contenidos. Así como aconteció con Abraham: un aceptar la Palabra de Dios que compromete a todo el ser. Para los cristianos, parafraseando la experiencia de Abraham, creer en el Dios anunciado por Jesús, en el Dios de misericordia y de salvación. La fe como contenido es la historia de Jesús, transmitida, reflexionada e interpretada por la comunidad cristiana. Quiero resaltar que la doctrina es la consecuencia del contacto de la fe de la comunidad con otras doctrinas o ideologías de las culturas, así como con la propia razón del creyente. Es evidente, por lo tanto, que si cambia la cultura y cambian las ideologías y los planteamientos de la razón, cambia también la doctrina: "Iglesia reformada, siempre reformándose". Sin embargo, la fe es inmutable. Es más, la fe debe iluminar cada momento histórico en el que vive la comunidad cristiana; en el pasado fueron los gnósticos, hoy en día pueden ser, entre otros, los retos del avance de la ingeniería genética. La fe se vive, se piensa, se cree y se confiesa no en el vacío, sino en un contexto sociocultural concreto. De aquí la importancia de las ciencias sociales para que nos den cuenta de ese contexto y podamos conocer la situación, los valores, las preguntas ,inquietudes y demandas de los jóvenes.
En relación a esto último me llama mucho la atención lo que los sociólogos nos han dicho: La familia ha perdido el papel protagónico en la socialización y ha aumentado el papel de los propios jóvenes, de los pares: son los amigos las claves de la nueva socialización juvenil. Aquí destaca el realismo juvenil, en contradicción a las utopías, que les lleva a valorar lo personal y concreto en lugar de lo abstracto e institucional. Un ejemplo de ello es la poca valoración que reciben las políticas de transformación del mundo y una gran valoración de los objetivos solidarios personales y del pequeño grupo, que hemos podido observar con los Trabajos de Verano de Magdalena.
Por otra parte, la creciente incertidumbre social, familiar, laboral ha llevado a los jóvenes a la búsqueda incesante de espacios de seguridad y de apoyos emocionales en los que puedan vivir el aquí y el ahora, puesto que el futuro les resulta -hasta cierto modo- amenazante. La tendencia es valorar lo útil y el consumismo hedonista. La búsqueda de la gratificación inmediata condiciona la solidez de los compromisos: el compromiso tiende a mantenerse en la medida en que resulta agradable; no es aceptable el esfuerzo ascético, de renuncia y de sufrimiento. Es decir, que nuestra cultura tiende a formar a un joven de identidad y personalidad fragmentadas, vulnerables, acomodaticias, consumistas y mudables. Sin embargo, la misma sociedad tiende a formarlos más sociables, menos prejuiciosos, más tolerantes y espontáneos que las generaciones pasadas; más realistas y más equilibrados, frente a polarizaciones personales o sociales.
En cuanto a lo religioso, la tendencia es que aumenta
el creer en Dios y desciende la práctica religiosa institucionalizada,
lo que nos lleva a una religiosidad juvenil cada vez más desconectada
de una doctrina y de una tradición cultural, porque las doctrinas
ya no les sirven a los jóvenes para los problemas que enfrentan
en sus vidas en sociedad; generalmente, las doctrinas dicen relación
con problemas socio-culturales que se vivieron en el pasado, pero que ya
no se viven en el presente. Por lo tanto, los jóvenes prescinden
de los contenidos doctrinales en su fe.
Fe y Acompañamiento
Las cosas han cambiado; un catecismo fue bueno en otra época; hoy en día el anuncio de la fe a los jóvenes ya no puede proponerse como un cúmulo de verdades que hay que creer -y entre más de acuerdo con el pastor de turno, mejor-; ni en una moral que hay que cumplir; ni en sacramentos que hay que recibir; ni en cultos que hay que asistir. Hoy en día, sin rechazar lo anterior, el énfasis está en facilitar el acceso consciente y libre a la experiencia cristiana, ayudar al descubrimiento vital del misterio de Dios, revelado en Jesús, entonces la clave de la proclamación de la fe está en el encuentro como realidad esencial en el acompañamiento personal. Porque la experiencia cristiana es experiencia de vida y de vida interpersonal
Quizás, por lo ya expuesto en el diagnóstico de la sociedad actual, es esta época más propicia para que los jóvenes busquen apoyos emocionales que den consistencia a sus personalidades fragmentadas; estos apoyos ya no son las ideologías, ni los padres o profesores de educación básica o media; la tendencia es que los jóvenes viven huérfanos, sin pasado ni futuro, suena atrayente el reto que hiciera J. Martínez Cortés a los agentes de pastoral (colaboradores, pastores, etc...) que dice: "¿Y si les acompañáramos en su orfandad, sin dejarnos engañar por sus aires de autoseguridad? ...No hay mejor socialización que la compañía constante: Esta sería la propuesta." 1
Esta propuesta se presenta en los siguientes objetivos:
El acompañamiento espiritual debe realizarse en el contexto de la comunidad local la que proporciona el apoyo educativo, teológico y pastoral y no de manera desarraigada de la iglesia local a la cual pertenece el acompañante, pues el grupo de fe, la comunidad luterana y el acompañamiento son realidades complementarias que se apoyan recíprocamente en el objetivo de personalizar y madurar la experiencia cristiana del joven.
Si aceptamos el supuesto de que el cristianismo no es
una lista de verdades que hay que creer, ni un código moral, si
la fe cristiana es ante todo una experiencia de vida, el protagonista es
el Espíritu Santo, quien suscita la inspiración divina en
cada evangelizador; esto tiene como consecuencia que todo agente de pastoral
debe ser un "vaso nuevo" que recibe al Espíritu y actúa desde
el Espíritu como un testigo de fe en la comunidad 3.
Por lo tanto, los miembros de la pastoral debemos tener conciencia de misión
y actitud de búsqueda; para ello tenemos que tener una gran sensibilidad
que abra al misterio del ser humano, a sus sufrimientos y a sus esperanzas,
así como una buena capacidad de diagnóstico de la real condición
sicosocial de quien aspiramos a llegar y una gran actitud de comprensión,
que implica cercanía afectiva, capacidad de discernimiento, compasión,
capacidad de diálogo, sin el cual no es posible crear el espacio
adecuado para el encuentro libre con la fe. Además, el testimonio
de vida del que anuncia la experiencia cristiana ha de estar sostenido
también por una real competencia en los temas de la fe y por una
adecuada sintonía de lenguaje, que implica una adecuada formación
teológica, pastoral y pedagógica. Todo esto, porque no se
puede transmitir la fe como se transmite un dato, o una cifra o una receta.
El que anuncia la fe -que es una experiencia de vida y salvación-
ha de partir, a pesar de sus dificultades e incoherencias, de una convicción
vital que ilumina su experiencia; en síntesis, debe ser un testigo
de Dios, un creyente convencido, un orante empedernido con ansias de comunicar
su experiencia.
La Psicología algo nos aporta
Quiero destacar a Carl Rogers en cuanto a las variables constituyentes de la relación de ayuda en el ámbito de la terapia individual. Nos interesan especialmente tres actitudes básicas : La congruencia, la aceptación incondicional y la empatía que, según Rogers, deben estructurar la personalidad de quien quiere servir de ayuda a alguien. 4
La aceptación incondicional es básica para cualquier trabajo pastoral y, especialmente, con los jóvenes. Esta aceptación evita toda actitud crítica o valorativa. El joven ha de vivir, en el ámbito del anuncio de la fe, la experiencia de aceptación y acogida que sintieron Zaqueo o Leví, el publicano de parte de Jesús.
Si queremos favorecer su apertura a la fe, debemos suscitar en él el "contexto experiencial humano" que haga posible la escucha del mensaje evangélico; es decir, que implique la asunción de su biografía, de sus fracasos, de sus anhelos, de su persona concreta y limitada, que busca un sentido, una respuesta a sus demandas, en el que pueda abrirse con plena libertad, sin quedarse sumergido en la intimidad interpersonal, sino que tome en cuenta la dimensión social y comunitaria de la fe. 5
En resumen, podemos considerar el acompañamiento como una relación de ayuda que tiene como fundamento la fe, por lo tanto, no es tarapia psicológica; tampoco tiene que confundirse como una relación entre amigos, pues esta exige igualdad, simetría comunicacional y no tiene un punto de término, como es el caso de la relación de acompañamiento; la amistad está abierta para siempre el acompañamiento debe terminar en algún momento.
Hay un terapeuta -Robert Carkhuff- que tiene un modelo de ayuda en el que acoge los aportes de las terapias del insight y las de la acción para modificar una conducta disfuncional que deja de lado los porqués. Es el Modelo de Coloquio. Sus puntos claves son:
Por otra parte, hemos aprendido desde la Kenosis a redescubrir el lenguaje de la cotidianidad, por lo tanto, es en el realismo de lo cotidiano en que se realiza la relación de acompañamiento: discernir la presencia de Dios en la vida, discernir las motivaciones, los anhelos, los deseos tanto en la propia vida como en la biografía; para ello, es fundamental la oración personal que crea la atmósfera adecuada para elaborar un proyecto personal de vida, en la que servirán la opción vocacional, la oración y el compromiso.
El acompañamiento personal, la pastoral, o como le llamemos, no es un bricolaje; es un trabajo serio y responsable, con metas cuidadosamente planteadas, porque estamos trabajando con personas, con hijos de Dios con la única finalidad de que reciban el evangelio, la revalación de Dios en Jesucristo, de ese Dios de misericordia, bondad, amor incondicional
El Señor nos ha llamado a ustedes y a mí para servirle en este trabajo; organicémonos y llevémoslo adelante con nuestra dedicación y con la bendición de Dios.
Con mucho cariño, su pastor,
Rolando Holtz.
| Rolando es pastor de la ILCH en la comunidad de Valparaíso. |
(1) Martínez Cortés,
Qué
hacemos con los jóvenes, Sal Terrae, 1989, p. 47
(2) J.G. Barrio, Acompañamiento
espiritual ¿en qué y para qué?, Sal Terrae, 1985,
pp. 350-351
(3) Hechos 1:8
(4) Carl Rogers, El
Proceso de Convertirse en persona, Paidos, Bs. Aires, 1974
(5) Jiménez, Encuentro,
In. Latourelle... Diccionario de Teología Fundamental, Ed. Paulinas.
Madrid, 1992, 377
(6) Soriano Madrid, La destreza
de escuchar en Hombres en crisis y en relación de ayuda, Asetes,
Madrid, 1986
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