El gran éxito del Campamento de Trabajo realizado en enero de 1998 en Meipo, en la comuna de Coelemu, motivó al Grupo de Jóvenes de Santiago a organizar una segunda edición con metas aún más ambiciosas. Trabajamos todo el año con miras a este segundo campamento, manteniendo el objetivo fijado ya para la primera edición: entregar a través de nuestro trabajo un ejemplo de esfuerzo y un mensaje de fe y esperanza.
El presente texto fue publicado en la edición Abril 1999 de la Epístola (Año 5, Nº8), boletín informativo nacional de la Iglesia Luterana en Chile.
La excelente experiencia del año pasado nos decidió a permanecer en la comuna de Coelemu, donde evaluamos diversas localidades urbanas y rurales hasta encontrar la que mejor se ajustaba a los requerimientos del campamento que estábamos planeando: Magdalena, una localidad rural cuya historia se inició con la ocupación de algunas casas que pertenecían a una estación de ferrocarriles en desuso, en los años ’60. Con el tiempo, más y más gente llegó a vivir al sector y construyó sus casas a lo largo de la línea del tren, y desde 1965 funciona allí una escuela rural.
La gente de Magdalena vive en condiciones materiales muy difíciles, especialmente este año en que la mayoría de los hombres ha perdido su trabajo. Más graves aún son los problemas sociales y familiares que sufren producto de la baja educación, el machismo y el alcoholismo. Nuestro campamento, realizado entre el 4 y el 12 de enero de 1999 y que contó con la asistencia de 35 jóvenes luteranos de distintas ciudades de Chile, se dividió en dos áreas con el fin de abordar las diversas problemáticas.
Cada día se iniciaba a las 7:30 con un devocional para consagrar el día al Señor, y a las 9:00 se iniciaba la jornada de trabajo (de 8 horas), interrumpida sólo por la hora de almuerzo. Los jóvenes estaban divididos en 7 comunidades (cuadrillas de trabajo), cada una de las cuales tenía una tarea específica durante la semana, ya fuera realizando obras para familias específicas u obras de beneficio para la comunidad. En este aspecto fuimos mucho más ambiciosos que el año pasado, pues, además de las tres cuadrillas dedicadas a reparación de viviendas hubo cuadrillas dedicadas a la construcción de mediaguas, construcción de una sede comunitaria y de una plaza con juegos para los niños, entre otras. En total se benefició a 18 familias con reparaciones o instalación de mediaguas, obras por las cuales debieron pagar una suma simbólica como muestra de compromiso y esfuerzo.
Uno de los aspectos más novedosos de este campamento respecto del anterior fueron los talleres comunitarios, que este año fueron preparados con mayor dedicación. Se realizaban de manera paralela a los trabajos materiales y estaban a cargo de 2 a 4. Durante las mañanas se llevaban a cabo los talleres infantiles, que reunían a todos los niños del sector y que constaban de una parte recreativa seguida de una parte educacional o de manualidades. La gran necesidad de afecto que manifestaban nos mostró las grandes dificultades que a su corta edad deben enfrentar y nos enseñó a ser más sinceros al entregar cariño. En las tardes se trabajaba de forma similar con las mujeres, con manualidades y temas que en ocasiones estuvieron a cargo de la nutricionista y la matrona del hospital de Coelemu. También las señoras encontraron aquí un espacio para aprender y expresarse libremente dentro de un grupo, cosa que usualmente no les es permitida.
Como contraparte al mensaje entregado a la gente de Magdalena está la misión interna, que es el mensaje entregado a los propios jóvenes que asistieron. La fuerte experiencia que fue estar conviviendo diariamente con las familias donde trabajábamos fue complementada por las lecturas y reflexiones de los devocionales, y por el tema que fue preparado para el campamento: Compromiso Cristiano. Todo esto fue vivido no sólo por los jóvenes luteranos, sino también por 14 jóvenes de 4o Medio de la ciudad de Coelemu, a quienes invitamos para que conocieran otra realidad de su propia comuna y encontraran, tal vez, una nueva vocación en la ayuda al prójimo. No podemos saber aún cómo afectó este campamento a cada uno de los asistentes, pero la forma en que Dios se manifestó cada día nos hace confiar que nadie habrá salido indiferente de él.
En resumen, fue una experiencia mucho más amplia que el año
pasado... y también más cara. Este año el costo del
campamento fue casi el doble que el anterior, y la gran sorpresa es que
pudo ser íntegramente financiado a través de donaciones de
privados y empresas. El compromiso mostrado para con nuestro proyecto por
la comunidad luterana nos llena de esperanza respecto de futuras actividades
en nuestra iglesia... ¡muchas gracias a todos!
| Christian Dümmer Grupo de Jóvenes Santiago |
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