Trabajos de Verano 1999
El siguiente texto es una recopilación del mensaje de evangelización entregado en los Trabajos de Verano 1999 de la Iglesia Luterana en Chile. Parte del contenido es sacado del libro "Profundización del Curso de Vida Abundante", por el pastor Enzo Verdugo Biber y "Mero Cristianismo" de C.S. Lewis. Aparte, quisiera agradecer a mis amigos Marlies, Christian y David, por ayudarme y apoyarme en dar este mensaje.~ Tomás Recart B.
Escuché una vez decir a Rodrigo Jordan, ahora director de Canal Trece, que la juventud de hoy esta llamada a volar como cóndores por sobre las más altas cumbres. Me imaginé ese vuelo alto, fuerte, puro y majestuoso, y como me gustan las montañas, me parecieron fantásticas sus palabras de aliento. Luego me pregunté a mí mismo que tan cierto era eso en la juventud de hoy en día y qué tan alto vuela la juventud de nuestra Iglesia, si es que hay alguna diferencia.
Me hice la pregunta porque creo que algún par de metros de altura debiera ganar un joven cuando se vuelve a Dios, y me di cuenta de que en varios casos estamos todavía volando harto bajo, con problemas de despegue en algunos casos.
Recogiendo nuestra breve historia como grupo podemos apreciar que desde el inicio ha habido periodos de gran emotividad, unión y alegría, pero que al final de cuentas, quizás expresado de distintas formas, íbamos encaminados a quedarnos en tierra siempre.
Todo el regocijo de los primeros Trabajos se esfumo durante el año, y en momentos de duda el tablón de fe en el cual estabamos parados era tan delgado, que al primer suspiro nos hacía tambalear. No quiero referirme a este grupo de jóvenes en particular, pero pareciera ser que tanto este como muchos de los grupos de jóvenes anteriores en la iglesia y en cualquier otra institución, al final de cuentas, eran testigos de puros intentos fallidos de despegue.
Pareciera ser que, independiente de lo que hagamos y lo que tengamos, hay siempre un vacío de cierto tipo en nuestras vidas, y lo que quiero señalar es que ese vacío tiene forma de Dios y que hay un vacío con nuestra forma en el Reino de los Cielos. No percibir esto viene de un problema de raíz, de lo básico, de lo esencial de un Cristiano. De alguna forma queremos andar en bicicleta sin antes aprender a caminar. Somos expertos en hablar de pecado, fe, sin siquiera tener muy claro lo que es. Decimos las cosas que se debieran hacer, pero cuando nos toca a nosotros hacerlas nos quejamos en vez de ponernos en acción. Filosofamos y racionalizamos tanto el evangelio que de alguna forma hemos perdido la esencia, y si nos proyectamos de esta forma hacia el futuro nuestro vuelo tenderá siempre al descenso, al contrario de lo que es el vuelo Cristiano: un ascenso permanente.
Como nos dice Jesús al conversar con Nicodemo, no basta con cumplir todas las de la ley, no es un problema de ser "bueno" o "malo" a ojos de la ley. Va mucho más allá que eso: es un problema de adentro.
El Cristianismo, al contrario de otras religiones, nos ofrece un camino: el camino de la vida eterna. Para que tengamos una imagen de lo que esto significa, a veces pienso como si fuera un ascenso a una montaña en cuya cima esta Jesucristo. Uno empieza la ascensión y hay partes de diversos grados de dificultad, partes planas y otras tremendamente difíciles, pero sabemos que el tesoro que nos espera arriba es más grande que cualquier esfuerzo que podamos realizar. A medida que vamos subiendo la cima se ve cada vez con mas esplendor y es más maravillosa, e incluso se rumorea que podemos empezar a gozar del tesoro desde antes. Más y más ganas nos dan de subir, y a medida que ascendemos nos damos cuenta de que hay mucha gente subiendo, todos por su ruta, pero todos con la mente puesta en lo mismo: La Cumbre.
Es en el inicio de este camino donde está la mayoría de los problemas; muchos son los motivos, pero el mayor problema de todos es que la mayoría de nosotros no se da cuenta ni siquiera de la situación.
En el séptimo día de la creación Dios creó al hombre a su "imagen y semejanza" (Génesis 1:27). "La decisión (de Adán y Eva) de conocer (en general de vivir) de manera independiente de Dios, pretendiendo negar su relación de dependencia con su Creador y dar rienda suelta a todo tipo de decisiones motivadas por su ego" (Verdugo) de alguna forma nos despojó de la condición de imagen de Dios. No soy la persona indicada para explicar lo que precisamente pasó, pero de alguna forma perdimos ese "privilegio".
Dios nos ofrece de vuelta esa condición, pero esta vez requiere algo nuestro, un concepto al que la Biblia se refiere como Redención, expiación, conversión, propiciación, bautismo en el Espíritu Santo, renacimiento, etc.
De alguna forma pasamos a ser criaturas meramente creadas por Dios y no engendradas. Tal como el hombre crea una institución, un teorema, una obra, Dios nos crea a nosotros. De igual forma, tal como un hombre engendra a su hijo, Dios nos ofrece pasar a ser engendrados por Él. San Juan 1:12-13 nos dice "Mas todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios, los cuales no son engendrados de sangre ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios". Más adelante, en San Juan 3:3, Jesús le responde a Nicodemo, principal entre los judíos: "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de los cielos".
Dios nos está dando la posibilidad de volver a revestirnos de su imagen: "y revestido de nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno" (Colosenses 3:10).
Enzo Verdugo explica que Dios como Espíritu Santo ejecuta una obra divina instantánea, la cual no puede recibirse en parte, parcialmente o por etapas. Una vez regenerados empieza el proceso de santificación, en el cual vamos "creciendo a la semejanza del Señor". De alguna forma es como si de la oscuridad pasásemos instantáneamente a la luz; luego empieza un proceso donde aprendemos a ver, a enfocar, a distinguir colores y a sorprendernos.
Este nuevo nacimiento es de alguna forma un requisito indispensable para emprender vuelo. Esto nos lleva al siguiente punto.
¿Cómo se obtiene el Nuevo Nacimiento?
El nuevo nacimiento es producto nada mas que de la Gracia de Dios. "Es un regalo recibido gratuitamente (por gracia) por medio de la fe, es decir manifestando nuestra convicción de que Dios es veraz (lo que ha dicho el Señor es cierto y cumple con lo que promete)" (Verdugo). De aquí se entiende que la fe es un concepto muy amplio, pues involucra el entendimiento de lo que Dios dice, "creyendo y depositando una confianza plena en su soberanía y en sus atributos" (Verdugo). Se podría decir que ese entendimiento es personal, ya que involucra, como me dijo un amigo, "escuchar, entender y responder" la palabra de Dios según cada persona. Este entendimiento da cuenta de nuestra verdadera condición humana ante Dios y nuestra limitación como tal. Si es así, podemos concluir que este entendimiento implica un verdadero arrepentimiento, porque de alguna forma se nos abren los ojos y vemos la diferencia entre el camino por el cual íbamos y en el cual estamos. Nos damos cuenta que ese cambio es absolutamente inmerecido y por ende estamos, además de arrepentidos, agradecidos.
Es imposible explicar mejor el arrepentimiento que en la parábola del hijo pródigo. El hijo vuelve a la vida luego de un darse cuenta cual es su verdadero hogar. "Este volver en sí implica un reconocimiento del estado en que se encuentra y de la necesidad de volver humildemente a rogar perdón" (Verdugo). El arrepentimiento se manifiesta de distintas formas en cada individuo, pero lo fundamental es que se refleja en un cambio de "actitud y de vida" (Verdugo).
A su vez, no debemos olvidar que el arrepentimiento es una constante lucha tanto para no creyentes como para creyentes, ya que en el momento en que creemos que ya somos "salvos", y que no hay nada más por hacer, algo anda mal.
Entender nuestra limitación de hombre ablanda considerablemente el corazón y nos hace apreciar la posibilidad de poder tener una relación con Dios. Nos hace enormemente agradecidos y nos hace empezar a entender lo necesario que es enriquecer esa relación orando y perteneciendo a una Iglesia o grupo donde hay otros miembros del Cuerpo de Cristo (1 Corintios 12).
Es fundamental saber que este entendimiento requiere un compromiso, y no es algo que sale a la fuerza sino que es algo que deseamos profundamente, ya que el Cristianismo es el amor de Dios por sus hijos, y a nosotros lo único que nos queda es estar agradecidos.
Ahora, la típica pregunta que viene a continuación es: ¿Entonces tengo que ir todos los domingos a culto y dejar todo lo que tengo? La respuesta está en Colosenses 3:23-24 "Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque al Señor Cristo servís". Además, Dios quiere que dejemos todo aquello que nos hace mal, no las cosas que nos hacen bien.
Ir a culto hace bien porque aparte de recibir la comunión, que es algo de suma importancia pero que no trataré hoy, escuchamos lo que Dios le ha dicho al resto de los miembros de su cuerpo. Es por eso que debemos orar los unos por los otros y preocuparnos de cierta forma por la persona del al lado, ya que, queramos o no, lo que haga y lo que no haga nos afecta igual.
Son tantas pequeñas cosas que vamos aprendiendo y entendiendo a medida que subimos la montaña, que me imagino a veces esos puzzles enormes de cómo 5000 piezas, donde la imagen final es un bosque con árboles de distintos colores. Cuando nos muestran sólo una pieza del puzzle es imposible comprender el cuadro final, sencillamente no entendemos como algo así es parte de todo un conjunto. En la medida en que realmente queremos tener una relación con Dios y mostramos ser comprometidos y responsables con esa relación, las piezas van encajando poco a poco, lento pero seguro. Nos vamos sorprendiendo y empezamos a entender por qué somos pecadores, por qué es tan importante orar, congregarse, etc., etc., etc. Hoy en día, cuando se discuten temas como el aborto, el divorcio y las relaciones prematrimoniales, creo que en general se está opinando sobre una pieza de este puzzle, sin siquiera tratar de entender que hay todo un enorme bosque por detrás.
Cristo nos explica que tenemos la necesidad y la responsabilidad de alimentar nuestra relación con Dios y el prójimo cuando se le pregunta el mandamiento más importante (San Mateo 22:37-39) "Amarás al Señor tu Dios con toda tu alma, con todo tu corazón y con toda tu mente. Este es el primero y más grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Por lo tanto, no tengamos miedo en comprometernos con Dios, ya que tal como dice "tomen mi cruz", luego nos dice "llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil y ligera es mi carga" (San Mateo 11:29-30).
¿Se puede perder la Salvación?
Cuantas veces decimos, pensamos o escuchamos que somos "más cristianos que los otros", condenando al prójimo. Creemos que nuestra religión es la correcta y que el resto esta por mal camino. Tal como me dijo Sven Haupt un día, esa es una actitud soberbia, producto del Diablo, el cual, como no ha podido despojarnos de nuestra vida espiritual, nos agranda para ahuyentar al resto (San Lucas 6:37-42). En otras palabras, cuando nuestra vida espiritual es tan sólida que el Demonio no puede tirarnos hacia abajo, lo intenta por el camino inverso, tirándonos hacia arriba en orgullo y soberbia.
La salvación se podría perder si la hubiésemos ganado (Verdugo). La Gracia la otorga únicamente Dios y por ende, solo Él la puede quitar. Dios es el único capaz de ver el verdadero interior del hombre, no nosotros. Nuestra única misión es caminar rumbo a la cruz y despreocuparnos de qué tan "adelantados" estamos en comparación al resto. Como dije antes, eso es un acto de soberbia y egoísmo, porque vivir en el amor de Dios implica querer que la persona del lado también viva lo mismo. Creo en la disciplina correctiva del Señor y que todo hombre será juzgado según los dones que recibió. Digo esto porque siento de alguna manera hemos perdido el miedo al Señor y hemos olvidado lo que significa su santidad. Este miedo es un miedo "sano", de tal manera que podamos vivir, como explica Verdugo, en total dependencia del Señor cada día, como si se perdiera la salvación, pero en paz, sabiendo que jamás la perderemos.
Una de las razones que me impedía ser Cristiano era que no entendía el verdadero significado del pecado. No entendía por qué me tenía que humillar por algo que no había hecho, más aun sintiendo mi conciencia limpia. Sin decirlo, pensaba que no necesitaba ser perdonado, y que solamente aquel que había metido la pata era el que necesitaba el perdón. Seguramente hoy tampoco entiendo mucho y me queda bastante por recorrer, pero en algo hemos avanzado.
Para explicar lo que es el pecado, es necesario romper el mito de que ser "bueno" (con el significado que se le da hoy en día a esa palabra) es no ser pecador y que ser "malo" es ser pecador. Para la gran mayoría de nosotros, alguien bueno es aquel que está restringido de gozar la vida debido al cumplimiento de las leyes a las cuales está sujeto. Sin ir mas lejos, es alguien fome. Como contraparte, el malo es aquel que rompe estas reglas, pero que sin embargo goza la vida.
Jesús nos enseña con Nicodemo (San Juan 3) que no basta con ser bueno o malo. El pecado tiene origen en Adán y Eva (como lo dije al principio), lo que se traduce en que por naturaleza pasamos a ser hombres que tienden a alejarse e independizarse de Dios. Es como si un auto tuviera la constante tendencia a querer andar sin bencina. Va a llegar a la esquina o quizás más lejos, pero pronto se dará cuenta de que algo anda mal y que algo falta. Ser pecador ante Dios es mucho más que eso porque es alejarse de nuestro creador, y es diferente porque al auto nadie lo sale a buscar cuando se queda en pana; en cambio a cada uno de nosotros Dios nos sale a buscar. ¡Cristo murió en la cruz por cada uno de nosotros con el objetivo de librarnos de esa naturaleza pecadora y reconciliarnos con Dios para darnos vida, siendo Él mismo Dios!. La muerte y resurrección de Jesucristo significa que el hombre pecador es limpiado de la culpa y el poder del pecado. Pero entonces, ¿qué hay que hacer?
Esta limpieza que Jesús nos regala requiere algo de nosotros. En Efesios 4:22-24, Pablo nos dice "En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que esta viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestios del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad".
Lo mas choro de todo esto es que el cristianismo es para todos. Absolutamente todos pueden dar eso que es requerido, no hay ningún requisito intelectual para entender lo que se requiere de cada uno de nosotros. Imagínense que en uno de los días más importante para la Iglesia Universal, si no el más importante, el día de Pentecostés (Hechos 1 y 2), estaban todos los discípulos de Jesús reunidos. El Espíritu Santo los había llenado por entero y empezaron a hablar en lenguas y cosas sobrenaturales se empezaron a ver. Tanto judíos como no judíos empezaron a preguntarse qué era lo que pasaba. Estaban viendo cosas que nunca antes habían visto, y no sabían si esta gente estaba loca o fuera de sí. Entonces Pedro, "poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló", y fue tal el discurso que la multitud, especialmente los judíos allí presentes, se dieron cuenta de que Jesús realmente era el Hijo de Dios. "Al oír esto se compungieron de corazón y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?. Entonces Pedro no les dice que tienen que ser "buenos" o que deben cumplir tal o cual regla, no, les dice "Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo". Ese mismo día 3000 personas se convirtieron.
Lo que se acaba de decir es una ayuda para que empecemos a tener una relación simple, pero profunda con Dios. Ahora es la responsabilidad de cada uno abrir e indagar en lo que se dijo para ver si es cierto o no. Acordémonos, eso sí, de la enseñanza de Jesús en la parábola del sembrador (San Lucas 8:4-15) y tratemos de ser la mejor tierra posible, para que la semilla germine y brote con fuerza.
Atrévanse a entregarse y comprometerse en esta relación, y busquemos el crecimiento diario con mucha oración e inquietud. Cualquier "incertidumbre se convertirá en esperanza" (Verdugo) y cualquier temor en paz. Busquemos ser "el templo del Dios viviente" (2 Corintios 6:16), para así tener realmente una vida potente.
Me gustaría terminar leyendo uno de los versículos centrales de la Biblia, en el cual Dios nos reitera su promesa. San Juan 3:16 dice "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna". Nunca nos es dicho que la "vida eterna" viene después de la muerte en la tierra. Ese es el llamado que quiero hacer hoy día: Atrevámonos a empezar esa vida ahora, aquí en la tierra.
Volviendo a las palabras de Jordan, estoy seguro que esta vida nos hará volar a todos por sobre las más altas cumbres. Amén.
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